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abril 02, 2004

Almuerzo y Vinotinto


El Miércoles, 31 de Marzo, en la noche, tomé un vuelo a Barquisimeto. Muy a mi pesar, a esa misma hora a jugaba la Vinotinto. Yo estaba en el aire: a 23.000 pies del suelo Venezolano, a bordo de un DC-9 de Aeropostal y con destino a mi ciudad natal. Claro que mi pesar no era por viajar a mi ciudad, era por no poder ver a la selección de Venezuela en plena acción aquella noche. Mientras chequeaban mis datos en la recepción de la aerolínea, Venezuela anotó el primer gol, sin embargo, la noticia me llega minutos mas tarde, cuando le pregunte a un policía que, fiel a su deber (de venezolano), observaba fijamente el juego en un pequeño televisor en blanco y negro y con mala recepción. Hora de abordar, mi hermana no responde los mensajes de texto que le envío al celular, y no tengo mayor información del juego.

Ya sentado en mi lugar, escucho el saludo del capitán: -Estamos listos para despegar y Venezuela va ganando- nos dice. Pienso en la suerte de tener un piloto aficionado al fútbol y con deseos de apoyar desde su puesto el avance de la Vinotinto. El vuelo a Barquisimeto es corto, sin embargo el proceso de embarque y despegue ha demorado mas de lo normal. Apenas se apaga la señal que indica el uso del cinturón de seguridad cuando el piloto actualiza el marcador mental de la tripulación. Venezuela gana 2 a 0. El avión se vuelve un bullicio, todos aplaudimos el segundo gol por que nos da mas seguridad. Miro el reloj concluyo que el partido ya debe estar cerca de su fin. Pasaron unos minutos mas y Venezuela anota de nuevo, nuestro piloto-fanático lo hace publico y regresa el alboroto al avión. Aplaudo y río, pero por minutos reflexiono sobre el policía del aeropuerto y sobre nuestro piloto. Por momentos me digo a mi mismo: Mientras nuestro piloto esta mirando el juego, ¿Quien lleva el avión?. Sé que existe el copiloto, sé también que en veradd no están viendo el juego en la cabina, pero mi mente logro crear una imagen digna de un chiste. Finalmente sonrío, y acompaño la alegría de toda Venezuela cuando escucho desde la cabina la noticia de que ha ganado La Vinotinto, y por goleada. Un buen paso en el camino que debe llevarnos al mundial del 2006.

Salgo del aeropuerto y me reúno con mi familia, hablamos de las cosas que quedaron sin contar en las llamadas telefónicas durante los meses sin poder vernos. Al día siguiente es hora de trabajar, la agenda no tenía mucho espacio: 9:00 a.m. primera reunión, luego el almuerzo y luego una presentación técnica. Recibo un par de llamadas de los alienígenas de Imakinaria para que los acompañe durante la hora de almuerzo y aprovechando un cambio de planes de último minuto, la acepto. No estaban todos, solo dos.

Ordenamos un almuerzo ligero y dejamos fluir la conversación. Hablamos de Imakinaria y de Cable a Tierra, del futuro del Blog, de algunas otras tendencias del mundo de la tecnología, de la familia, del trabajo y del fútbol. Fue un almuerzo muy agradable, sobre todo por la oportunidad de compartir con un par de amigos que hacia buen tiempo no veía. Si por un momento alguien miraba desde arriba aquella mesa diría que así debería funcionar una sociedad, con lugares para reunir a personas que por fuera parecen muy diferentes pero en el fondo trabajan por un mismo fin. No importaba el tema, no importaban las diferencias, la idea siempre fue compartir, nutrir el espíritu y la mente con los espacio que existe entre dos puntos de vista distantes. Sin buscar aceptación, sin pretender convencernos. Agradezco la oportunidad y pido que se repita.

La segunda mitad del día paso mucho mas rápido de lo que me esperaba. Reunión, despedida y correr al aeropuerto aunque de nuevo Aeropostal y el mal tiempo nos obligan a esperar. En el vuelo a Maiquetía nos enteramos que hay lluvia en Caracas. Ya de vuelta en el trafico caraqueño, se escuchan chistes de las cosas que pasaron en el día. Ha sido un éxito para todos, pienso en escribir sobre esta experiencia y trato de organizar mis ideas. La otra mitad de mi familia me espera, están de visita en Caracas y espero poder cenar con ellos. Quiero celebrar el haber disfrutado de un buen almuerzo y el éxito de la Vinotinto. Es difícil pensar en algo mejor para el cierre de la jornada.



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